Pablo Longueira ha declarado que el estar obligado a acostarse temprano, debido a la presión domiciliaria nocturna decretada por un juez, le permite – creo yo – experimentar buenos sueños en vez de escuchar voces de ultratumba, como las que profería su mentor, Jaime Guzmán Errázuriz, desde el cielo de los momios, donde hay un Cristo disfrazado de milico romano, y un evangelio ad hoc que se acomoda a los poderosos y autoritarios. ¡Bienaventurados los ricos que dan pega a los rotosos subversivos e inútiles, así sea con sueldos “reguleques”!
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