
Hay varios derrotados a raíz del plebiscito por la ratificación del Acuerdo de Paz, suscrito entre el gobierno del Presidente, Juan Manuel Santos y el líder des FARC-EP, Rodrigo Londoño. En primer lugar, Colombia queda desprestigiada ante la opinión pública internacional, demostrando la incapacidad de sus ciudadanos por confirmar un proceso de paz, que tuvo un enorme apoyo mundial; en segundo lugar, la confirmación del agotamiento fin del sistema político colombiano que, con el 65% de abstención marca un récord en las ya altas tasas de abstención en las anteriores elecciones de ese país, lo cual confirma mis anteriores dudas sobre la validez de la democracia electoral cuando sólo participa un tercio del universo de votantes, con el agravante de que en el plebiscito del 2 de octubre de 2016 se decidía un paso trascendental para el destino de la paz luego de 52 años de guerra; en tercer lugar, los líderes de líderes de la opción triunfante del primer domingo de octubre no esconden, que junto con haber desahuciado el pacto de Paz persiguen, además, poner fin al gobierno de José Manuel Santos, ya bastante impopular internamente.
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