El presidente Evo Morales anunció este miércoles que invitará a organismos internacionales, las Naciones Unidas (ONU) y, si corresponde, a la Corte Internacional de Justicia (CIJ), a que visiten los manantiales del Silala y corroboren que sus aguas fueron desviadas artificialmente hacia Chile.




Los escándalos que rodearon las elecciones del Consejo Directivo Nacional de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) ponen nuevamente de manifiesto el deterioro ético y político de la burocracia sindical que ha controlado esa organización desde su surgimiento, a fines de 1988. Queda enevidencia la incapacidad de la CUT para abrir espacio a un proceso de refundación del movimiento sindical que le permita erigirse en lo que la historia demanda: que los trabajadores organizados sean la columna vertebral de un amplio bloque popular capaz de arrebatar a las clases dominantes la conducción del país, para enrumbarlo hacia un nuevo horizonte político, económico, social y cultural. No será posible con elecciones con un padrón electoral definido por las mismas dos personas que se disputan la victoria; con sindicatos inflados en números inauditos; con un sistema de votación de “cifra repartidora” en que los dirigentes votan de manera ponderada según la cantidad de afiliados que dicen representar; cotizaciones que se pagan a última hora“globalmente”; sindicatos fantasmas, etc.
Definitivamente, Chile es el equivalente a “Tontilandia”, (vocablo inventado por el gran periodista Genaro Prieto). Un día, el gerente de CODELCO, Nelson Pizarro, empleando el lenguaje común de los mineros, declara que ya “no hay ni un puto peso”, y todos los “tontilandeses” nos creemos este cuento de terror.
