
La Comisión nominada por la Presidenta de la República, encargada estudiar y proponer posibles soluciones a la colusión entre política y negocios, nació muerta: en primer lugar por la experiencia de otras Comisiones, entre la del Acuerdo de la LGE (Ley General de Educación), que terminó con manos entrelazadas – con la máxima de que “los ratones unidos jamás serán vencidos” -; en segundo lugar, la conforman algunos intelectuales que tienen cero calle, por consiguiente, nulo conocimiento de la vida del chileno de pié y que, además, la mayoría de la gente los conoce menos que algunos de los ministros de Estado; en tercer lugar, la ciudadanía percibe el hecho de este nombramiento como una maniobra dilatoria para que el tiempo, o bien, una catástrofe, se encarguen de apaciguar la ira popular contra las castas en el poder. Es muy posible que de esta Comisión salgan buenas ideas, pero servirá de poco, pues se hace casi imposible que los mismos concernidos y coludidos en la corrupción se auto-reformen – por cierto, esto no ha ocurrido nunca en la historia de ningún país -.




En el blog, todo sobre mi cerebro, se dice que “la lectura es, además de un placer, un acto sumamente beneficioso para nuestro cerebro, ya que aumenta la capacidad de concentración, promueve la empatía y representa un ejercicio útil para evitar la pérdida de las funciones cognitivas.

El repentino despropósito de que la Casa Blanca declare emergencia nacional alegando que la seguridad y la política exterior de su país están amenazadas por Venezuela, ha causado una coyuntura inaudita. Semejante argumento ofende la sensibilidad y la inteligencia de millones de latinoamericanos y abochorna a millares de ciudadanos pensantes en Estados Unidos. De nada vale la mojigata explicación de que con tal iniciativa se cumple un requisito legal norteamericano. No por eso deja de ser una torpeza que vuelve a dejar mal parado al presidente Obama, también ante sus asociados europeos, que rápidamente se han distanciado de ese discurso y sus inevitables consecuencias.
Pablo Simonetti sigue escribiendo temas que hablan de la incomunicación al interior la familia, de las luchas internas que se dan dentro de ella y de esa casta interna que vive el país chileno en sus clases altas, a las que conoce muy bien ya que el proviene de esta vertiente.