
Los terribles sucesos de París estremecen a nuestro mundo.
Son la demostración de la brutalidad de uno de los bandos en lucha. El más alejado de nosotros.
Es la guerra entre el llamado Estado Islámico y los 30 estados que, encabezados por los EEUU, bombardean sin oposición aérea casi toda la zona que DAESH controla ahora en Irak y Siria.
Es la venganza inmisericorde de los aplastados por la destrucción sin sentido de Irak, por la transformación de Libia en un cementerio infernal, por la vorágine de fuego irracional que destruye Siria, manejada por una dinastía “progresista” sin corazón, los ambiciosos del petróleo y los señores de la guerra.
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