
Quizá lo más importante que los decisores políticos pueden hacer es darse cuenta de que el crecimiento económico mundial no es sostenible y está llegando a su fin. Deben idear un plan para permitir un adelgazamiento de la economía mientras que minimizan la lucha y la presión sobre la gente. Tendremos menos energía disponible en el futuro y eso significa que se reducirá nuestra movilidad y nuestro consumo. En el escenario ideal, la calidad de vida aumentará a medida que el consumo descienda, pero esto solo será posible si planificamos la contracción. Ello requerirá repensar el dinero, el interés, la inversión y cómo se enseña y se practica la economía. El actual sistema económico funciona con muchas inercias y, por tanto, los líderes tenderán de forma natural a preservarlo el máximo tiempo posible. Sin embargo, este sistema económico no puede sostenerse y cuanto más tiempo nos aferremos a él, peor, y menores serán nuestras opciones para afrontar el fracaso. Debemos encontrar alternativas, y pronto. Richard Heinberg. Entrevista de Luis González, Rebelión
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