
Esta columna no es, ni tampoco pretende ser, un análisis sociológico, es apenas una mirada un poco más profunda de aquellas dadas al pasar sobre la actual crisis de confianza que afecta al país. Chile es un país abandonado a su suerte. Un país huérfano, náufrago. Abandono que se materializa mediante la legitimación de facto de la pseudo democracia que lo rige. Todo lo que se construye a partir de esa falacia, no es más que una eterna suma de errores. Una democracia imperfecta, laxa, débil, irrisoria, prosaica, esquizofrénica, cuyo curso convierte al país en un ente autómata y torpe, que camina a trastabillones; una descontrolada manada de seres humanos, que vaga sin otro destino posible que no sea su debacle. No existe contención.
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