Como buen profesor de historia, Francisco Vidal resumió en un sola oración la historia del maridaje entre los dirigentes de la Concertación y los dueños de las empresas, privatizadas y vendidas por Augusto Pinochet a sus esbirros y émulos, a precio de huevo: “Hay que cerrar los ojos”. Durante 25 años, los concertacionistas callaron sobre el robo a las empresas del Estado, que pertenecían a todos los ciudadanos. Según René Abeliuk, ex funcionario del gobierno de Patricio Aylwin, se pudo conocer, en detalle, el monto en dinero defraudado al Estado, así como el número de empresas enajenadas y sus beneficiarios, incluso, en esa época, existió una comisión investigadora de la Cámara de Diputados, y sus conclusiones fueron acalladas, pues los traidores al pueblo, pertenecientes a la coalición del gobierno, decidieron no tocar a dichas empresas. El líder de esta maniobra fue el ex ministro de la Presidencia, Edgardo Boeninger .
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