
La discusión sobre la “reforma” educacional impulsada por el gobierno de la Nueva Mayoría es una muestra del estado de descomposición, oportunismo, acomodo, tergiversación ideológica y manipulación informativa de la clase política. La reforma educacional defendida por el ministro de Educación Nicolás Eyzaguirre es hoy un charquicán intragable, salvo, claro está, para el Partido Comunista, que ha dicho que defenderá la reforma a muerte. Postura que se ratifica con las últimas declaraciones de la diputada Camila Vallejos. Según los militantes del Partido Comunista [que no son todos los comunistas chilenos], oponerse a la reforma de la señora Bachelet y no bendecirla significa ser “galletas de la derecha”, trotskistas (eso es infaltable), infantilista de izquierda y muchos “istas” más. Últimamente se ha agregado a los críticos de la reforma, provenientes de la Izquierda, el mote de creerse superhéroes, algo así como los “chapulines coloradistas”.
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