
Quien se haya dado el trabajo de examinar con alguna atención los argumentos esgrimidos por los partidarios del magnicidio, advertirá que cuando su visión de las causas inmediatas de la muerte de Allende es seriamente impugnada, terminan por echar mano de afirmaciones como la siguiente: “cualquiera que haya sido el dedo que apretó el gatillo del arma que lo mató, el Presidente fue asesinado”. Y ¿por qué se afirmaría tal cosa?, porque “Allende fue forzado a suicidarse”. Es decir, la distinción utilizada cotidianamente entre “morir por propia mano” y “morir por mano ajena”, o lo que es lo mismo, entre suicidio y asesinato, es aquí simplemente eliminada por medio de un pase retórico, con el fin de demostrar que, incluso, si Allende se quitó la vida habría sido asesinado. ¿No es esto una clara violación del principio de no contradicción, pilar fundamental de la lógica, que sostiene que una afirmación y su negación no pueden ser verdaderas al mismo tiempo y en el mismo respecto?
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