Durante más de dos décadas los diarios del duopolio han sido parte de la misma superestructura en la cual se amolda el poder político y económico. Los medios han sido los canales para la difusión del pensamiento dominante, que brota desde las cúpulas financieras y económicas articuladoras del modelo neoliberal, para fusionarse con todo el espectro político del sistema binominal. Sobre este andamiaje creado en todo el espesor y oscuridad dictatorial se apoyó la posterior transición, que durante décadas se mimetizó de forma espuria con conceptos como democracia, progreso o desarrollo. La institucionalidad legada por la dictadura se viste como consenso social, fin y destino nacional. Los medios, y por cierto el amplio abanico electoral, difundieron esta imagen como si fuera parte de la naturaleza política y cultural. Una estrategia conservadora para ocultar las distorsiones de un modelo que saltaron a las calles a partir de las movilizaciones estudiantiles de comienzos de esta década.
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