
El comandante en jefe del ejército, general Humberto Oviedo, rindió un homenaje, en nombre de su institución, al futbolista y seleccionado nacional Gary Medel, de brillante participación en el mundial de fútbol 2014. Las razones del homenaje las dio el mismo Oviedo: “Esta es una expresión de gratitud por la gesta deportiva. Una actitud de vencer la adversidad y ser capaz de decir: yo puedo más” (…) “Es un hombre que ha puesto disciplina en lo que hace y, por lo mismo, estamos seguros de que es un ejemplo para nuestros soldados”. Luego, le regaló a Medel un corvo, aquel arma que los militares usaron para desbarrigar chilenos y luego arrojarlos al mar. Gary Medel respondió que estaba emocionado por el homenaje y que se identificaba “con el soldado chileno por lo guerreros que son, por lo luchadores, nunca dicen que no, siempre pueden más y por eso el agradecimiento hacia ellos”.
Cada medida de las anunciadas por la Nueva Mayoría en su programa de gobierno, ha resultado una sorpresa para quienes finalmente están llamados a ser sus potenciales beneficiarios o víctimas.



Con rechazo y como un escándalo vemos la cercana relación entre lobbistas políticos de la Nueva Mayoría y la irresponsable empresa minera Barrick Gold.

Nadie lo duda, el futbol se gana en la cancha y es allí donde se ha desplegado una lluvia de goles, compromisos de camiseta, buenos partidos y suficientes jugadas magistrales para convencer de que el Mundial 2014 se anuncia como el mejor de los últimos tiempos.
El secuestro y asesinato de tres adolescente israelíes cuando volvían a sus hogares haciendo autoestop no solo ha sacudido —con toda lógica— a la sociedad israelí sino que ha marcado un peligroso punto de inflexión. La brutalidad del acto, la edad de las víctimas y los testimonios grabados y difundidos tanto de la llamada de auxilio de uno de los jóvenes asesinados como de sus captores cantando y riendo tras haberlos matado, han horrorizado a los israelíes. La sociedad está dividida entre los que exigen al Gobierno de Benjamín Netanyahu una acción militar contundente contra los autores y contra la organización Hamas —que, sin reivindicar los asesinatos, se congratuló públicamente del secuestro mientras se buscaba a los chicos— y una minoría que directamente clama venganza “contra los árabes”.
