En el pasado, ningún ignorante roteque se atrevía a postular a tan alto cargo; por fortuna, aristocráticos presidentes los nominaban sin necesidad de recurrir a la brutalidad del sufragio popular. Es cierto que, a veces, lograban ser senadores algunas personas pertenecientes a la aristocracia empobrecida, como Manuel Montt y Antonio Varas, poco importaba que hubieran nacido en un pueblo chico, como Petorca, pero al fin, pobre y todo, eran gente como uno. Parece que a Balmaceda lo derrotaron por haber introducido a algunos siúticos, como Domingo Godoy y Julio Bañados Espinosa; la misma juventud dorada se encargaba de burlarse de estos entrometidos, silbándolos en el Club Hípico. No permitimos que un Yánez Ponce de la chimba fuera candidato a presidente
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