
Las elecciones parlamentarias del 27 de octubre en apariencia dejaron todo como estaba. El kirchnerista Frente para la Victoria (Fpv) logró 32 por ciento de los votos y retuvo el control de las cámaras, en las que tiene quórum propio, e incluso aumentó levemente su cantidad de diputados. Pero detrás de esta fachada comienzan los cambios. En primer lugar, ya no tiene posibilidad de encarar una tercera elección de Cristina Fernández, y sus numerosos presidenciables para 2015 son todos centroderechistas o, peor aún, del Opus Dei y de las compañías mineras. Por otra parte, dependen de un aparato que no está unido por una ideología sino por la mera defensa de sus intereses. Por consiguiente, se prevén problemas del gobierno en el frente interno y pases y defecciones en el Fpv.
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