
Hasta las cachetadas de payaso que, de tiempo en tiempo, se propinan los políticos, con más entretenidas que el mal llamado debate entre los dos pesos pesados de la derecha. En el deporte del box suele ocurrir que dos pugilistas, precedidos de un gran currículum, hagan un combate de pésima calidad. Andrés Allamand y Pablo Longueira habían acordado, previamente, no darse ningún golpe y sólo abrazarse – como lo hacen los boxeadores cuando no quieren pelear, que en el sensual y mortal abrazo, ni siquiera los árbitros osaban separarlos- ; en el toreo, un mal matador hace sufrir lo indecible al toro, lo mismo ocurre con los personajes de esta historia – por suerte, existe el control remoto canal o , simplemente, entregarse en los brazos de Morfeo; gracias a esta presentación no tuve que recurrir al consabido somnífero -.
Leer más