Ojalá que no se me note la mueca de asco, piensa la candidata a la vez que reparte sonrisa y besos entre las piltrafas humanas que levantan las manos y corean un bello himno a la paz, al amor, a la bondad, la democracia y al emprendimiento. Dicen que si uno mira atentamente los ojos felinos de la candidata (que piensa, ¡Dios mío que no se me note la mueca de asco!) uno puede quedar ciego. Dicen. Ella, eclipsada por tanta alabanza, se pregunta: ¿Qué es eso que viene dirigido hacia mí y cuyo brillo me hace recordar un escaparate en vísperas de Navidad? ¿Será agua bendita? ¿Será agua de rosas? ¿Será…? De momento la candidata no puede seguir pensando respecto a todas estas disquisiciones vinculadas a eso que va dirigido hacia ella, porque eso que va dirigido hacia ella finalmente le cae en plena cara, arruinando de un plumazo los logros de la industria cosmética. Así es como una verdosa y muy otoñal flema le ha dado en pleno rostro. ¡Uy que feo! Al menos no fue una meada…
Leer más