Para muchos las elecciones venezolanas fueron un enfrentamiento entre la izquierda y la derecha sudamericanas. Para algunos bolivarianos, era otra batalla de Ayacucho, en la que la victoria de Chávez sería un nuevo paso hacia nuestra segunda y definitiva independencia, no solamente de Venezuela, sino de toda la región, y su derrota un fenomenal retroceso. Para partidarios de la oposición, era una competencia entre una izquierda radical, representada por Cuba, de la cual Chávez sería el hijo predilecto, y una reformista, de tipo brasileño, o entre el autoritarismo populista y la democracia representativa. Por mi parte creo que fue más bien otro capítulo del realismo mágico, en el que la magia es la igualdad, como lo demostró la amplia victoria de Chávez, y tal vez un intento de superar la ineficiencia y la corrupción del modelo.
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