1.- No esta en su despacho. Tampoco en el pasillo del segundo piso, donde el caos se respira en las sombras fugaces de los que pasan por allí. Unos juntan carpetas con documentos; otros reparten fusiles; algunos trazan planes de resistencia y ordenan emplazarse en diversos sectores. La Moneda, persianas adentro, es un tumulto de corridas, ordenes cruzadas, miedo y decisión. En ese desconcierto, nadie escucha a la Tati; nadie puede precisar donde esta Salvador Allende en ese momento. Pero la Tati sigue buscando, incansable. Conoce la importancia del mensaje, la urgencia de los plazos, la huella gris de las tanquetas de los sublevados asomando la trompa por las calles de Santiago. ¿Dónde está Allende? Cada minuto perdido es un puñado de oxígeno menos; cada dilación, un poco de libertad pisoteada por las botas golpistas, que ya vienen.
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