Hasta 1973, la base de la organización popular en Chile se encontraba en las fábricas. Allí los sindicatos eran fuertes, porque agrupaban a todos los trabajadores pertenecientes a estas. El ingreso a una fábrica traía consigo automáticamente el ingreso al sindicato. Las empresas que contaban con más de 30 obreros tenían que permitir, por ley, la constitución del sindicato. Pese a que muchas se esforzaban en no contratar más de 29 trabajadores, el desarrollo de la organización era vertiginoso hacia fines de los años 70. Nacían los Sindicatos Únicos de obreros y empleados, se impulsaban los sindicatos por rama y había una búsqueda constante de la UNIDAD tras una única Central de Trabajadores. El centro de trabajo constituía, ideológica y objetivamente, el escenario principal del desarrollo de la lucha de clases.
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