La dinastía de los borbones ha sido una verdadera plaga durante los tres siglos de reinado de España: baste recordar a Carlos IV y su esposa María Luisa, y su amante válido, Manuel Godoy; a Fernando VII, “el rey felón” – como lo llamaban sus súbditos – uno de los seres humanos más miserables que han pasado por la tierra, un tipo tragón, que se enfermó de gota a fuerza de consumir ricos y costosos manjares sin ningún control, como también un traidor a su pueblo cuando luchaba contra la invasión de los franceses, (1808); este rey pretendía formar parte de la familia de Napoleón que, con razón, lo despreciaba cual polilla abyecta; una vez liberado del supuesto cautiverio en Francia, juró respetar la Constitución liberal española de 1812, la Pepa, pero nuevamente la traicionó reimplantando el absolutismo y la inquisición.
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