
Escribir enfrentados al desencanto de la época donde vivimos, mientras observamos la desnuda pared, tiene infinitas interpretaciones. Reconocer, por ejemplo, cómo en estos últimos años, nuestros sueños de libertad, justicia y dignidad, han sido escarnecidos en un escenario de sostenida pesadilla.




Desde que asumió la presidencia de Brasil, en el primer día de 2019, el capitán retirado Jair Bolsonaro hizo de todo un poco, excepto gobernar. Mejor dicho: desde que asumió la presidencia Bolsonaro no dejó, por un solo día, de dar clarísimas muestras de que no tiene la más remota capacidad para ocupar el puesto a que fue llevado por los electores brasileños en octubre del año pasado.


