Después de casi cinco décadas de dictadura fascista cívico militar, en el marco de la transición a la libertad, la democracia, la justicia “en la medida de lo posible”, tenemos un imperativo categórico pendiente: Construir una cultura que haga correspondiente los principios éticos y morales con la práctica política profesional y ciudadana. Este desafío no debe entenderse como un mandato divino, sino como, un mandato, valga la redundancia, humano, asentado en la racionalidad y en el libre albedrío de la persona y el ser humano. Esto permitirá recuperar la identidad, la posibilidad de soñar y de sorprenderse. Para el Maestro Aristóteles –maestro es la conciencia de su tiempo, el conductor del espíritu-, la naturaleza humana es en esencia ética, propende al bien, y el bien es la felicidad, la que corresponde al fin de la conducta humana sustentada en la naturaleza racional de la persona y del ser humano. Insiste el maestro griego, la ética inspira la praxis: “Somos lo que hacemos” y éste hacer, definitorio de su comportamiento, constituye su ontología moral.
Leer más