
El 15 de agosto de 1965 se fundó el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) de Chile. Nació en un “congreso de unidad revolucionaria” que aspiraba a terminar con la dispersión orgánica de ese sector. Entre los convocantes estaba Clotario Blest, ex fundador y presidente de la Central Única de Trabajadores (CUT) y de la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF). La ideología revolucionaria y la historia del proletariado mundial tuvieron fuerte insidencia en el MIR. Así lo demuestran su declaración de principios y la tesis: “La conquista del poder por la vía insurreccional”, redactada por Miguel Enríquez y sus compañeros de la Vanguardia Marxista Revolucionaria, un desprendimiento de la Federación Juvenil Socialista. El primer secretario general del MIR fue el médico pediatra Enrique Sepúlveda, de ideología trotskista, que falleció exiliado en París.
La espontánea protesta ciudadana, impulsada por representantes de organi zaciones de Derechos Humanos, artistas, intelectuales y figuras de la cultura, aun cuando logró apretar al gobierno y forzar la salida del escritor Mauricio Rojas del ministerio de las Culturas y las Artes, ha generado una reacción no menor desde las elites a través de sus representantes políticos. En pocas horas, la derecha sacó la tesis del empate y del “contexto”, argumentos para justificar los crímenes de la dictadura.
El fugaz ministro de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Mauricio Rojas, finalmente renunció al cargo, tras protagonizar un grave escándalo por sus fuertes críticas hacia el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos (MMDH), vertidas en el libro Diálogos de conversos, publicado en 2015. En el texto Rojas calificó el trabajo del museo como un “montaje cuyo propósito es impactar al espectador, dejarlo atónito, impedirle razonar”, y un “uso desvergonzado y mentiroso de una tragedia nacional”.
Eso es al parecer lo que han querido hacer desde siempre los adalides de la derecha política, económica, militar en Chile. Cómo no, les conviene de pura conveniencia y calculo mezquino jugar al “empate” o también, volver a esgrimir el consabido leitmotiv del “contexto”. ¿Cuántas veces los hemos escuchado? Lo que queda en claro con estas declaraciones de los dos ministros, es que, de verdad, los adalides de la derecha siguen pretendiendo justificar lo injustificable. Siguen culpando al “empedrado” de las peores brutalidades cometidas contra personas indefensas, lo cual señala, mala señal por cierto, que no han aprendido de lo sucedido. O peor aún, que lo siguen apoyando en la sombra primero, y cada vez que pueden, a plena luz del día.
La caída del Ministro Rojas y la designación de su sustituta, me genera la siguiente consideración: Es evidente que cuando Piñera designó a Mauricio Rojas como Ministro de la Cultura, sabía muy bien los puntos que calzaba dicho personaje. Es un hombre de su plena confianza. Hasta ayer funcionaba como asesor en comunicaciones, a cargo de redactar sus discursos.
El presidente estadounidense, Donald Trump, calificó este lunes de chiflada, viciosa y sin inteligencia a Omarosa Manigault, una de sus asesoras hasta diciembre pasado, como respuesta a comentarios de la mujer en su contra.
Una agresión contra Cuba, es una agresión, a la tierra, a la sangre y a la Historia de América Latina”.
A comienzos del siglo pasado Argentina era una de las primeras potencias del mundo, y capital, Buenos Aires, era una copia latinoamericana de París – El Obelisco, varias veces más grande y majestuoso que el que instaló Luis Felipe en la Plaza de la Concordia – y, en cuanto a economía y desarrollo, grandes fortunas de europeos se hicieron en Argentina.
El exilio no fue, como muchos creen, una aventura de turismo, ni tampoco significó placer y paz para la mayoría de quienes debieron huir de la criminal persecución dictatorial.