La propia comunidad científica mundial está perpleja respecto de las consecuencias que podrían tener para toda la vida de la humanidad las innovaciones producidas por la llamada inteligencia artificial. Con la inminente consolidación de la sociedad tecnológica regida por aquellos algoritmos capaces de superar en miles o millones de veces la capacidad y celeridad de la inteligencia humana. De esta forma es que la ciencia avizora con mucha preocupación que todas nuestras estructuras sociales, políticas y económicas puedan verse supeditadas a lo que “reflexionen” y ordenen los robots y otras inventos que ya no serán necesariamente instrumentos al servicio de la persona humana sino, por el contrario, terminen suplantando nuestra voluntad y libre albedrío.
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