El pasado domingo, la canciller alemana, Angela Merkel, logró superar una difícil crisis de gobierno después de que los conservadores bávaros de la Unión Social Cristiana (CSU) le dieran un ultimátum exigiendo a la jefa del Gobierno alemán que endureciera su política migratoria. Lejos de ser una muestra de fortaleza política, la solución temporal a la situación ha puesto sobre la mesa la debilidad de la coalición que preside la canciller —en el poder desde 2005— y las tensiones internas a las que está sometida.
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