Nunca había entendido mucho eso de la universalidad de una figura, hasta que me tocó vivirlo en términos concretos y fue con el Chicho(*). He tenido la posibilidadde viajar y conocer un poco del mundo, y en tres partes muy diversas del globo terráqueo, me volví a encontrar con la figura de Salvador Allende y no me refiero a estatuas, avenidas, sino en la gente.A comienzos de Septiembre del 2004, estando en Bruselas, Bélgica, partimos en camión, con un amigo chileno, a hacer una mudanza, al Sur de Francia. Íbamos a la Provence, cerca de Lyon, a un pueblito llamado L´Egaliers. Una vez que cargamos y dejamos todo listo en el camión, fuimos a comer a un Restaurant del pueblo. Nos atendió un mesonero rollizo, muy amable; pero por supuesto francés y, a ellos hay que hablarles en francés. Mi amigo le dijo que somos chilenos, a lo cual yo agregué en un francés deplorable: “¿Est-ce que vous connáissez a Salvador Allende? (¿Ud. conoce aSalvadorAllende?). El hombre me quedó mirando y habló tan rápido que no le entendí mucho, pero claramente me di cuenta que estaba enojado, ¡Muy enojado! Le pregunté a mi amigo ¿Qué dijo? A lo cual me respondió: “Él dijo ¿Cómo no lo voy a conocer? Si aquí en L´Egaliers le hemos hecho homenajes a Salvador Allende. Me sentí tremendamente orgulloso, pero tremendamente estúpido.
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