Los acontecimientos de Italia durante la semana pasada, como los que han tenido lugar en el Reino de España, han dado muchas vueltas.
El veto del presidente de la República, Mattarella, al euroescéptico Paolo Savona como ministro de economía ha vuelto a poner sobre la mesa las limitaciones del ejercicio democrático de la soberanía en la Unión Europea. Algún cínico ha añadido que los mercados enseñarían a votar a los italianos y, efectivamente, la prima de riesgo se ha disparado. El intento de cortocircuitar el equilibrio de fuerzas electoral con un “gobierno técnico” -al parecer a la satisfacción de los mercados- ha tropezado con la tozudez de la alianza entre la derecha extrema euroescéptica de la Liga Norte y el centro populismo del Movimiento Cinco Estrellas. Ambos han acabado imponiendo al frente de su gobierno, en el que Di Maio y Salvini serán vicepresidentes, a Giuseppe Conte, cuyo principal activo conocido es su CV falsificado. El artículo que publicamos de Wolfgang Münchau refleja esta montaña rusa política a la italiana en el momento de máximo esplendor de Mattarella.
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