Los antiguos ricos en la aristocracia chilena, eran dueños de un Banco y/o de un fundo de varias hectáreas, (uno de estos personajes, Fernando Lazcano, era dueño de todo Curicó, posición que le permitía una curul en el senado y de manera vitalicia; además, podía legar a sus hijos políticos la diputación por esa provincia, entre ellos, a Arturo Alessandri Palma y Manuel Rivas Vicuña). Los sillones de ambas Cámaras se distribuían, generalmente, entre los socios del Club de la Unión, salvo un siútico, Eduardo Charme, que se había convertido en rico gracias a su vinculación con las salitreras, además de uno que otro demócrata, como Malaquías Concha y Luis Emilio Recabarren, (este último de un joven anti-balmacedista consagró su vida al proletariado).
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