
En unos pocos meses más se cumplirán 25 años de la fecha en que se publicó un ensayo escrito por Samuel P. Huntington y titulado ¿Choque de Civilizaciones?. Este trabajo fue publicado en la revista Foreign Affairs del verano de 1993. En este ensayo y luego en su libro titulado El Choque de Civilizaciones y la Recreación del Orden Mundial, Huntington sugiere que el orden creado en 1945 y luego reformulado como unipolaridad después del fin de la Unión Soviética en 1991, estaba entrando en un largo y profundo proceso de cambios radicales.
Todo parece indicarlo así, estimado lector y lectora. Continuando la saga que hemos presenciado el año pasado a nivel internacional, éste se prevé igualmente plagado de hipocresía, mentiras y peligros. Tanto la verdad de algunos hechos, como el derecho internacional, son algunas de las principales víctimas. Por cierto, que esto suceda así, le importa muy poco a las elites de poder mundial y nacional.
A más de un año de gobierno de Donald Trump sigue teniendo el apoyo de los WAP, (Blancos anglosajones protestantes). Si revisamos la geografía electoral de Estados Unidos los Estados, los Estados de las dos costas, Pacífico y Atlántico, apoyaron al Partido Demócrata – tanto es así que California, de independizarse, sería la quinta potencia mundial, muy superior, por ejemplo, a Cataluña -, por el contrario, la mayoría de los Estados centrales de Estados Unidos, América profunda, siguen apoyando las políticas de Trump.
Reprochamos una ingeniosa maniobra del establishment con ocasión de la ley “transparencia del mercado del suelo e incrementos de valor por ampliaciones del límite urbano”,
Tras el aplazamiento de la votación de Naciones Unidas sobre una tregua en Siria, las fuerzas del gobierno han reanudado los ataques contra el cercado territorio de Guta Oriental, causando al menos 29 muertos, según informa el Observatorio sirio de Derechos Humanos.
El pasado domingo adelantábamos que
Hace poco más de tres meses, afirmé en este espacio que la situación de violencia en mi ciudad, Río de Janeiro, era asustadora. Escribí que el Estado tenía un gobernador inepto y omiso, que la clase política estaba ahogada en corrupción, que la alianza entre narcotraficantes y policías estaba plenamente establecida, que había diputados estatales que dependían directa o indirectamente de los cárteles que controlaban vastas extensiones territoriales de la ciudad. Y afirmé que todo indicaba que la única salida sería una intervención federal, pero que tal medida era impensable para un gobierno nacional que, además de ser rechazado por 90 por ciento de la opinión pública, también estaba plagado de corruptos.

