
Desde luego que sí. La delincuencia, uno de los tantos flagelos impulsados por el sistema capitalista, funciona como empresa. Actúa para mantenernos aterrados, sin ganas de pensar en algo diferente. Atrapados, muertos de miedo y sin dormir, forzados a comprar seguridad. Nos hemos convertido en manada de timoratos, pegados a la pantalla de TV, a los celulares. En eternos beatos de las catedrales del Mall, donde uno cree adquirir objetos de utilidad para satisfacer carencias. En realidad, compramos deudas que jamás se extinguen, disfrazadas de baratijas, pagadas en un centenar de cuotas. Hoy, el chileno debe el 70% de su ingreso mensual. Quien no tiene una docena de tarjetas de crédito, dos celulares, es un pordiosero. Cifras que alegran al sistema impuesto por la dictadura económica.
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