De una plumada o de una ventolera venida de oriente, Chile regresa al pasado. Cuando se anuncia un Ministerio de presumidos, cursis encopetados por antonomasia, y chiquillas variopinta, cuya misión pareciera revivir la época imperial, cualquiera se alarma. La inquietud a veces se convierte en realidad. Examine usted los apellidos y currículos de esta gavilla de personajes -la cual no debería asimilarse con las fasces que utilizó Mussolini como símbolo imperial- entenderá hacia donde apunta el propósito del nuevo gobierno. Desde marzo, y ya lo dijimos, querrá despojarnos con la delicadeza y avidez de siempre, de nuestros recursos naturales. Se iniciará el saqueo a cuatro manos, en el tiempo de la rapiña organizada, aunque algunos tengan los brazos sin el largo adecuado. Incluso, las modestas alcancías de los niños -huchas como las denominan los españoles- serán descerrajadas, desvalijadas a la usanza de los corsarios de su majestad la Reina Victoria de Inglaterra.
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