Los grandes cambios, los saltos cualitativos, en el mundo físico, biológico y social se dan por la acumulación cuantitativa, que es también una suma progresiva de recuerdos, una agregación de experiencias. El ejemplo clásico es el del agua convirtiéndose en gas o en sólido. El incremento o disminución de la temperatura, la acumulación o disminución de grados impulsa el gran salto
que transforma el estado líquido del agua en gas o en sólido. No hay diferencia aparente entre el grado 99 y el 100 o entre el cero y el menos uno; sin embargo, debemos contemplar una enorme transformación inesperada y sorpresiva. Lo mismo sucede con las revoluciones sociales
, con las grandes sacudidas societarias. En 1968, en el término de unas cuantas semanas los jóvenes estudiantes del país logramos que la patria temblara y el poder quedara acorralado. Fue, y así lo tengo en el recuerdo, como un voraz incendio que arrasó casi instantáneamente y que abrazó a decenas de miles y que desató a las conciencias adormecidas y su colosal fuerza transformadora. No fue cualquier incendio, fue el fuego de la historia.
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