Inmersos como estamos en el nuevo escenario teleonómico, asistiremos a la irrupción en el escenario geopolítico de América Latina de una nueva ola negra involucionista que consistirá en la implementación de “golpes de mano blandos“ con el objetivo inequívoco de sustituir a los regímenes insensibles a los dictados de Washington (Nicaragua, Ecuador, Venezuela y Bolivia) por regímenes militares autocráticos, mediante la táctica del Big Stick o “Gran Garrote” incluida en la llamada Doctrina Monroe ,“América para los Americanos”.
¿Nicaragua en el punto de mira del Pentágono?
Las nuevas sanciones de EE.UU. contra Irán han obligado al país persa a interponer una demanda contra Washington ante la Comisión Conjunta Irán-G5+1.
La promoción de los derechos humanos es un quehacer permanente y siempre importante de mantener, sobretodo hoy en día en el cual constatamos el avance de la impunidad. En las últimas semanas hemos visto en diferentes medios como se ha premiado a los violadores de derechos humanos con millonarias pensiones aun cuando están prisioneros por crímenes de lesa humanidad. Mientras que las personas que fueron torturados y violentados por estos represores tienen pensiones de miseria como el resto de la población de nuestro país.
“Consideramos que las elecciones que tuvieron lugar evidencian una clara señal de que existe una necesidad imperante de superar la crisis que vive el país mediante medios políticos, mediante el diálogo, en el marco de la legislación vigente, a través del voto popular y sin ninguna injerencia externa”, ha subrayado el Ministerio ruso de Asuntos Exteriores en un comunicado. La Cancillería rusa ha llamado también a los actores externos a renunciar a planes que puedan agravar la situación en Venezuela. RT
Hoy, 31 de julio de 2017, me encuentro con un titular que retrata la completa falta de respeto a la verdad de ese diario corrupto que es El Tiempo, con un manejo de la opinión pública que, desafortunadamente, come cuento.
Cuando el que escribe esta columna era estudiante universitario nos resultaban altamente sospechosos que algunos compañeros, parientes o amigos no demostraran interés por la política ni militaran en partido alguno. En nuestra juventud, los compromisos eran contundentes, loables, y las colectividades políticas se esmeraban en captar jóvenes para formarlos ideológicamente, y asumieran un compromiso muy activo en los procesos electorales. Hoy, sin embargo, lo que resulta muy sospechoso es la militancia, cuando prácticamente todo el mundo asume que inscribirse en un partido tiene dos explicaciones posibles: el deseo de hacer carrera política o conseguir un puesto en la administración pública. Convertirse en un operador bien remunerado pero dependiente de las cúpulas partidistas, los parlamentarios, alcaldes y otros altos funcionarios públicos. Para poder exhibir su militancia, cuando convenga, sobre todo a la hora de postular a un empleo.
Son demasiadas las señales que indican el fin del conglomerado oficialista, Nueva Mayoría. Casi todas provienen de la misma tienda partidista, el PDC, y han aumentado su número en las últimas semanas.
Lo de este fin de semana en la DC es la constatación de una realidad: la moral y la política no se llevan bien; no en el plano de lo absoluto, sí en el del relativismo. Tras la decisión falangista de este sábado 29 de apoyar en bloque a los candidatos al Parlamento, y no uno a uno, con lo que el nombre del cuestionado diputado Ricardo Rincón habría sido protestado como cheque sin fondos, la candidatura presidencial de la senadora Carolina Goic fue arrinconada, lanzada a las mazmorras de Alameda 1460.