En la historia del cristianismo hay dos Iglesias muy distintas: la de Jesús y su doctrina de misericordia, de perdón, de la opción por los pobres y oprimidos, de respeto y promoción de la mujer, y la de San Pablo – un histérico, digno de modelo de psicoanálisis freudiano – y la del emperador romano, Constantino – cruel y criminal – de la cual esta Iglesia es heredera, cuya característica es el amor al poder, la represión de la mujer, el desprecio de la sexualidad, la coerción y asesinato de todo aquel que piensa libremente, con instrumentos como la inquisición, el Índice de libros prohibidos, la persecución a la teología de la liberación y la idolatría de los poderes fácticos.
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