
Ricardo Lagos ha hablado de que vivimos una de las más fuertes crisis de nuestra historia…después de 1973.
Y tiene razón. Primero, el golpe de 1973, luego ésta.
Claro que no se ha profundizado en ellas, y la verdad es que son muy diferentes.
Archivo periodístico 2005–2019

Ricardo Lagos ha hablado de que vivimos una de las más fuertes crisis de nuestra historia…después de 1973.
Y tiene razón. Primero, el golpe de 1973, luego ésta.
Claro que no se ha profundizado en ellas, y la verdad es que son muy diferentes.

El Estado no falla cuando se trata de cazar mapuches, apalear niños y financiar zánganos. Pero cuando se trata del homicidio de casi mil niños, entonces ahí el Estado falla. Ahí somos todos responsables.

El presidente de la región de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, pronosticó ayer un camino escabroso para el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), tras la forzosa renuncia de su secretario general, Pedro Sánchez.
La bancada del Partido Comunista y la Izquierda Ciudadana presentó una propuesta política para plantear al Gobierno la posibilidad de rebajar el sueldo de las principales autoridades del Estado, y con ello financiar un alza en las pensiones básicas solidarias.

Los movimientos sociales de nuestro hemisferio están en un momento crucial. Las fuerzas conservadoras y reaccionarias del continente han lanzado una ofensiva de derechas en toda América, incluyendo fórmulas electorales como en Argentina, golpe de Estado en Honduras, Paraguay y Brasil, y desestabilización y rupturas de las instituciones en otros países. Sobre ese nuevo escenario quieren imponer al sindicalismo y a los movimientos sociales la lógica de “negociar para perder menos”. Ese sería un camino totalmente equivocado para los sectores populares. La resistencia debe ser parte del relanzamiento del ciclo progresista, superando sus límites. Tenemos mucho para defender y aún mucho más para conquistar.

La Corte Suprema acogió recurso de revisión y anuló sentencias dictadas el 30 de julio de 1974 y el 27 de enero de 1975, por el Consejo de Guerra de la Fuerza Aérea por delitos de traición a la patria. En fallo unánime la Segunda Sala del máximo tribunal del país acogió el recurso presentado por el fiscal judicial de la Corte Suprema, Juan Escobar Zepeda, para dar cumplimiento a la sentencia dictada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que condenó al Estado de Chile.

El resultado del plebiscito colombiano reveló la profundidad de la polarización que, desde el fondo de su historia, caracteriza a la sociedad colombiana. También, la grave crisis de su arcaico sistema político incapaz de suscitar la participación ciudadana que ante un plebiscito fundacional -¡nada menos que para poner fin a una guerra de más de medio siglo!- que apenas si logró que una de cada tres personas habilitadas para votar acudiera a las urnas, una tasa de participación inferior a la ya de por si habitualmente baja que caracteriza a la política colombiana.

Hay varios derrotados a raíz del plebiscito por la ratificación del Acuerdo de Paz, suscrito entre el gobierno del Presidente, Juan Manuel Santos y el líder des FARC-EP, Rodrigo Londoño. En primer lugar, Colombia queda desprestigiada ante la opinión pública internacional, demostrando la incapacidad de sus ciudadanos por confirmar un proceso de paz, que tuvo un enorme apoyo mundial; en segundo lugar, la confirmación del agotamiento fin del sistema político colombiano que, con el 65% de abstención marca un récord en las ya altas tasas de abstención en las anteriores elecciones de ese país, lo cual confirma mis anteriores dudas sobre la validez de la democracia electoral cuando sólo participa un tercio del universo de votantes, con el agravante de que en el plebiscito del 2 de octubre de 2016 se decidía un paso trascendental para el destino de la paz luego de 52 años de guerra; en tercer lugar, los líderes de líderes de la opción triunfante del primer domingo de octubre no esconden, que junto con haber desahuciado el pacto de Paz persiguen, además, poner fin al gobierno de José Manuel Santos, ya bastante impopular internamente.

La delincuencia –una parte de ella- fue oficialmente trasladada por el duopolio y sus socios empresariales, vía SERVIU, desde las metrópolis al interior, al Chile profundo y campesino.

A la Violeta me la presentó otro de mis grandes amores, la Mercedes Sosa, a La Negra la conocí por casualidad. Quisiera decir con cierta presunción y por romanticismo que a la gran Mercedes la conocí en mis tiempos de universitaria, o que fueron los Guaraguao los que en alguna declaratoria de Huelga de Dolores en la Universidad de mis amores me presentaron a la Violeta Parra con “Me gustan los estudiantes.”