La campaña presidencial de Barack Obama es un ejemplo de una acabada performance de lo que debe ser el camino para acceder a la primera magistratura: “el sí se puede”, eslogan repetido hasta la saciedad fue capaz de dar una imagen de futuro de lo que podríamos llamar “horizontes de esperanza”, que aglutinó, no sólo a la juventud, sino también a las minorías afroamericanas y latinas, incluso, inmigrantes de otros países del mundo. En plena crisis económica, con un país devastado por la crisis suprime, Obama aparecía como una reencarnación de F. D. Roosevelt al plantear un “nuevo trato” a la sociedad norteamericana. A este nuevo programa de gobierno había que agregar el hecho simbólico de ser el primer Presidente afroamericana de Estados Unidos. Las reiteradas acusaciones sobre la nacionalidad de Obama, por parte de los republicanos, no tuvieron mayor acogida en la opinión pública, ávida de cambios y de caras nuevas en la política.
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