
Hasta para el observador más desprevenido es evidente que la casta empresaria-política está podrida: no asistimos a un empate entre Concertación y Alianza – ni siquiera a la expresión de la justa indignación popular respecto al poder político-económico -, sino a un problema mucho más grave, que se puede caracterizar como la crisis de dominación oligárquica. En nuestra historia tenemos un solo precedente, que abarca el período 1920-1932, un largo lapso caracterizado por la permanente inestabilidad político-institucional – los historiadores reaccionarios llaman, equivocadamente, “la segunda anarquía”- en que se da el traspaso del poder oligárquico al surgimiento de las capas medias, que se expresará en los sucesivos gobiernos radicales y el período llamado de “sustitución de importaciones”.
Los integrantes de la compañía de títeres “Desde abajo”, Raúl G.P., de 34 años y Alfonso L.F. de 29 años, fueron detenidos en Madrid acusados del gravísimo delito de “enaltecimiento del terrorismo” por el fiscal de la Audiencia Nacional Noel Moreno, luego de la representación de la sátira La Bruja y Don Cristóbal. El hecho fue motivado en circunstancias de que, estos artistas queriendo significar la “casa de brujas” a lo largo de la Historia (ver El Calibán y la brujade Silvia Federici), uno de los personajes y en un pasaje concreto de la obra exhibiera un cartel en donde se leía “Gora Alka-eta” -un juego de palabras en euskera entre Al Qaeda y ETA- que puede ser traducido como “Viva Alca-eta”. 





El historiador Mario Góngora escribió acerca de las planificaciones globales: la Revolución en Libertad, de Eduardo Frei Montalva; la de “con empanadas y vino tinto, de Salvador Allende; la del ultra neoliberalismo, de Augusto Pinochet, con la consiguiente destrucción del Estado y tiranía del mercado – de esta última visión de la historia de Chile surgen las obras, ensayos y otros escritos, sobre la crisis del modelo -. Como ocurre casi siempre en Chile, las adaptaciones de teorías extranjeras a la realidad nacional tienen algo de bastardas, por ejemplo, el corporativismo fascista neoliberal que se impuso en Chile durante la dictadura – y que continuó con los gobiernos de la Concertación – en muchos aspectos no cumple con las ideas de los padres fundadores del neoliberalismo, pues a F. Hayek no se le hubiera ocurrido jamás salvar a los bancos de la bancarrota, por el contrario, los hubiera dejado quebrar.