Alguna vez alguien dijo que la vejez es como “una isla rodeada en un mar de recuerdos”. Esta vez me voy a entregar a la nostalgia y prometo no reincidir en el intento. La noche última, muy dolido por la crisis de la Iglesia y de otras instituciones de mi país y, parafraseando a Miguel de Unamuno, podría decir que “me duele Chile”. La historia demuestra que, luego de las graves crisis institucionales asoman, en muchos casos, personajes monstruosos – Silvio Berlusconi, en Italia, el cómico y medio militarista, en Guatemala, y para qué seguir -. No es cierto que todos los jueces cometan prevaricación; que todos los políticos sean corruptos y ladrones; que todos los curas sean pedófilos y chupamedias de los ricos; es casi seguro que “el poder corrompa y que el poder absoluto corrompa absolutamente” pero, por regla general, en cada una de estas instancias siempre encontramos personas honestas e, incluso, proféticas.
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