
Las elecciones argentinas se definirán en una segunda vuelta el 22 de noviembre. Contra los pronósticos más optimistas del kirchnerismo, su candidato Daniel Scioli (FpV) apenas si pudo superar a Mauricio Macri, que se coloca en la mejor posición para el siguiente round, aunque la batalla final apenas comienza. Entre los articulistas –y me refiero sobre todo a los del diario bonaerense Página 12– algunos subrayan el viraje conservador de los electores como el dato definitorio de la coyuntura. En ese cuadro destaca, sin duda, la sorpresiva victoria de Cambiemos en la provincia de Buenos Aires, al derrotar por más de cuatro puntos al postulante oficial que se daba como seguro ganador, imponiendo lo que Luis Bruschtein llama la venganza de los porteños
de clase alta contra el peronismo de los trabajadores y la clase media baja
. El voto, pues, ha creado un nuevo escenario. Mario Wanfield resume así el momento: optimismo en Cambiemos, cabildeos en el FpV. Por lo pronto, la polarización es real y está servida.
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