No es fácil construir un relato histórico sin manipular los hechos desvirtuando la realidad. De allí la importancia de los cronistas. Qué decir de Bartolomé de las Casas y su Brevísima relación de la destrucción de las Indias, o de Guamán Poma de Ayala y El primer nueva corónica y buen gobierno. Los buenos cronistas dejan huella, sus obras son patrimonio cultural de la humanidad, lectura obligada para reconstruir periodos históricos, dan cuenta de las guerras de conquista imperial y sus atrocidades, describen estados de ánimo de hombres y mujeres inmersos en la pesadez de una historia que los invisibiliza. Son los notarios de los llamados pueblos sin historia, sin pasado, sin memoria, sin derecho a la existencia. Ellos se enfrentan a quienes los aluden para caricaturizarlos, volverlos extravagantes, bárbaros de mentalidad primitiva, homúnculos. Concepto que tanta importancia tuvo en Ginés de Sepúlveda para justificar la esclavitud de los indios, considerados bestias sin derechos.
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