Hoy el mundo ha vuelto a constatar que ha tropezado en la misma piedra. La economía mundial está en una gran crisis y entrando en una condición que caracteriza a las recesiones y son pocos los que dudan al respecto. Sin embargo, lo más preocupante puede provenir de la sumatoria de efectos financieros que pueden activar una crisis de mayor nivel, suficiente para destruir el sistema financiero occidental.

Tanto su hijo biológico como el político – Sebastián Dávalos y Rodrigo Peñailillo, respectivamente – no han dejado tonterías y pillerías por hacer: el primero, nunca se va a comprobar si es sonso, “Macabeo”, pillo o un genio de la estafa; el segundo es, a ojos de la sociedad, aún más peligroso que el primero, pues se había convertido en el líder indiscutido de apoyo a la Presidenta, una especie de Potenkin de la zarina Catalina II, pero el desafortunado Peñailillo ni siquiera va a tener un acorazado que recuerde su nombre – a lo mejor, terminará encerrado en Cabrero, jugando al galán rural, en la plaza del pueblo -.
Al observar la obscena fotografía del cuerpo decapitado del anciano arqueólogo Jaled Assad, atado a un poste de luz en Palmira –otra imagen de la biblioteca de pornografía que el Isil produce cada semana–, me impactó darme cuenta de la profunda puñalada que el “califato islámico” ha asestado al mundo del periodismo.
En la noche del 20 de agosto el Primer Ministro de Grecia, Alexis Tsipras, anunció por televisión su renuncia y la convocatoria a elecciones anticipadas. Esta decisión que no fue consultada con el comité central de su partido Syriza ni con la totalidad del grupo parlamentario de la agrupación, expresa una nueva capitulación a las exigencias de la premier alemana Ángela Merkel, quien viene reclamando nuevas elecciones en Grecia. El objetivo de la vocera de las Instituciones es lograr un acuerdo electoral con base a todas las fuerzas de sistema que defienden y pactan la aplicación de los Memorándums.
