El 06 de octubre de 1988 millones de ciudadanos colmaron las calles de Santiago liberando una celebración que venía contenida desde el comienzo de la dictadura. Ese día hombres y mujeres, jóvenes y viejos celebraban el inapelable triunfo electoral que le decía NO a la dictadura y sus horrores, triunfo que se debe al esfuerzo y resistencia a la tiranía que ejercieron miles de compatriotas dentro y fuera de Chile, por distintos medios y en los distintos lugares de trabajo, de estudio y especialmente en las poblaciones. El movimiento popular fue acompañado por la acción de los partidos y organizaciones políticas democráticas, quienes enfrentaron el horror y derrotaron a la dictadura con el objetivo de construir un nuevo Chile democrático y solidario.


¿Hay de qué extrañarse cuando tribunales de justicia o cortes penales internacionales fallan desfavo rablemente contra Chile? ¿No influye acaso un estigma que viene de la dictadura y que se ha perpetuado en el tiempo ya que Chile es considerado en el medio jurídico global como un país corrupto? Realidad que los medios, los círculos diplomáticos y la casta político-empresarial le ocultan sistemáticamente a la ciudadanía y al pueblo de Chile.
La estrepitosa caída en los precios de las materias primas cierra un ciclo económico, pero también político. La ilusión de que se tratara de un declive momentáneo va cediendo ante la convicción de que los bajos precios pueden arrastrarse durante un buen tiempo, hasta 20 años según especialistas citados por Bloomberg (
“Tontos”, “zurdos”… esos calificativos usó el pontífice para referirse a los chilenos que exigen justicia por los ilícitos cometidos impunemente por algunos sacerdotes. Es el reciente ‘patinazo’ de un ultra nacionalista porteño barrabrava que oficia de Papa.
Chile ha padecido muchas desgracias, pero la maldición más terrible que por más de cien años la ha venido soportando es El Mercurio, principal testaferro del imperialismo yanqui globalizado en Chile. Ayer y hoy la vida política, económica y cultural en el país del silencio, de la indigencia cultural y educacional, ha pasado por el visto bueno del oráculo mercurial que comanda el supremo gurú Agustín Dunny Edwards: lo que El Mercurio no puede destruir, lo frivoliza.
Las placas tectónicas de la política española están sufriendo agudos desplazamientos con el crecimiento exponencial del independentismo catalán. Que llegue a producirse terremoto, depende en gran medida de la actitud de los gobiernos de Madrid, hoy prisioneros de un radical rechazo centralista hacia todo lo que suene a cambios de fondo, tanto en el terreno social como en el territorial.