
Intentar resolver la crisis político-institucional que vive el país mediante el reforzamiento del modelo neoliberal, factor fundamental que la genera, es tomar el rábano por las hojas. En vez de atacar la raíz de la crisis, que es la institucionalidad creada por el terrorismo de Estado y que se materializa en la Constitución Política, el gobierno prioriza medidas de reactivación de la economía. Esa opción consiste -en la práctica- en echarle más leña a la hoguera ya que estimula el principal motivo que la produce. Se atienden así las demandas del empresariado nacional y extranjero que exigen al Estado -como es habitual en el neoliberalismo- concurrir en auxilio del capital cuando se desgastan sus ciclos de expansión. Se ignoran, en cambio, las demandas del pueblo que exige democracia, igualdad, participación y honestidad en la política. Para esto sería indispensable mandar al basurero de la historia la Constitución Política que impuso la dictadura, de la que emanan las leyes e instituciones cuya ilegitimidad ha puesto al desnudo la corrupción de políticos del gobierno y la oposición.
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