
Los casos Penta y Soquimich —entre otros— confirman las sospechas de los chilenos en el sentido de que el carburante de la política dominante es el dinero, y que la relación corrupta entre ambos factores ha asfixiado primero, y dado un golpe de gracia después a eso que aquella ha llamado democracia. Era de sotto voce que las grandes empresas actuaban financiando con boletas truchas a sus peones políticos a cambio de servicios diferidos.

El mayor peligro que amenaza Occidente se encuentra en Occidente mismo: bastaría con recordar que si la democracia, la lucha por las libertades individuales y por los Derechos Humanos son bien occidentales, no menos occidentales son la censura, la persecución, la tortura, los campos de concentración, la caza de brujas, la colonización por la fuerza de las armas o del capital, el racismo, etc.



¿Por qué unos miles de dólares recaudados en Nueva York para la campaña presidencial de Michelle Bachelet en 2013, tendrían que constituirse en toda una extrañeza?, ¿acaso la intervención norteamericana en la política chilena no es de larga y nefasta data?, ¿por qué tanto escándalo por los mega aportes de Penta a la UDI, acaso nadie lo sabía?
El Departamento de Estado norteamericano liberó informaciones clasificadas sobre la intervención de Estados Unidos en Chile durante el Gobierno de Salvador Allende y posterior dictadura militar. Eran considerados archivos perdidos que fueron rescatados por el Departamento de Estado norteamericano y que hoy dan luces respecto a la intervención estadounidense en Chile durante el Gobierno de Salvador Allende.