La élites plutocráticas necesitan de legitimidad para mantener su poder con respecto a las clases subalternas. La oligarquía chilena siempre ha inventado una especie de relato, avalado por los historiadores y políticos conservadores, mediando el cual se presenta a los caballeros de Chile como gente honesta, de costumbres frugales, muy católicos y fríos. Por ejemplo, los mitos de Diego Portales como un servidor del Estado, que carecía de dinero – incluso para comprar cigarrillos -, o el de los Montt que, desde la rural Petorca, alcanzaron el más alto nivel del Estado. Toda élite, necesariamente tiene construir su propia epopeya para legitimar la dominación.
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