
Nuestra Premio Nobel de Literatura siempre tuvo una aguda percepción, pensamiento profundo y lengua filosa. De todos modos, llaman la atención sus duras críticas a España y, por contraste, sus loas a Cataluña. Es cierto que fueron escritas –en el curso de sus labores consulares en Madrid, entre 1933 y 1935- cuando España se aprontaba a lo que ha sido quizá su más grande tragedia histórica: la guerra civil. Pero también, por lo mismo, puede decirse que su percepción fue dolorosamente realista.
La Corte de Apelaciones de Santiago ratificó la sentencia que condenó al fisco a pagar la suma total de $4.500.000.000 (cuatro mil quinientos millones de pesos) a 30 ex prisiones del centro de detención de isla Dawson, ubicado en la Región de Magallanes, entre septiembre de 1973 y septiembre de 1974.
Y me preocupa que no tengamos conciencia de ello.
La novela histórica es un subgénero narrativo propio del romanticismo del siglo XIX, que apareció de la pluma del escocés Walter Scott (1771-1832), el que publicó una serie de novelas ambientadas en la Edad Media inglesa en cuyas páginas se incluían eventos y personajes de la época, de las cuales la primera fue Waverley (1814) y la más popular Ivanhoe, escrita en 1819 y cuya acción transcurre en la Inglaterra del siglo XII, época de la dominación de los normandos.
En una serie de artículos que ha publicado Clarín desde septiembre de 2009, he explicado en qué consiste una Asamblea Constituyente y, especialmente, dónde y en quién reside el Poder Constituyente originario, esto último, dedicado con singular insistencia a los honorables congresistas que desean apropiarse de dicho poder.
Entendemos que los lectores saben que los cerros islas son áreas verdes según el Sistema Metropolitano de Áreas Verdes y Recreación del Plan Regulador Metropolitano de Santiago (PRMS), instrumento normativo urbano que el pasado 4 de noviembre cumplió 20 años de vida.
En todas las grandes depresiones, a través de la historia del capitalismo aparecen obras literarias, canciones y películas que retratan esos períodos atroces. En un artículo anterior sobre optimismo y pesimismo, traté de explicar la paradoja que en las crisis de fines del siglo XIX y la primera mitad del XX, predominaban los filósofos, sociólogos e historiadores de la decadencia; en la crisis actual lo hacen, principalmente, los premios Nóbel de Economía.
