
A apropósito del “affaire” Hollande, cabe el aforismo “sobre gustos no hay nada escrito, pero hay gustos que merecen palos”. Uno entiende que el poder sea uno de los más fuertes afrodisíacos, sin embargo, que el burócrata de terno azul, Francois Hollande, se haya convertido en un sex-símbolo europeo ganándole, de lejos, a Silvio Berlusconi y a Nicolás Sarkozy, es algo difícil de explicar: nada más distante que un Casanova o un don Juan es el fomísimo Presidente francés – tal vez más aburrido que el político chileno Eduardo Frei Ruiz-Tagle -.
Leer más