
El éxito editorial de la Historia de Chile de Francisco Antonio Encina, ha logrado el milagro de provocar un sentido común racista y decadentista, que es repetido año a año, mes a mes, por la Prensa de derecha. No puedo negar que la historia novelada y llena de anécdotas del historiador del Fundo del Durazno, de Talca, es mucho más entretenida que la positivista Historia de Chile, de Barros Arana; el historiador, resucita épocas pasadas, no es ningún investigador, ni un archivero, como diría el historiógrafo de Talca. Cuando Encina habla de límites con Argentina, Bolivia y Perú, surgen todos sus prejuicios racistas; según él, los mapuches son un pueblo que aún permanece en la edad de piedra pero, afortunadamente, en nuestro país predominó la sangre goda; en Bolivia, por el contrario, sólo el 15% es blanco, en un mar de aymaras y mestizos; Encina no podía evitar citar al más racista de los escritores latinoamericanos: el calvo Domingo Faustino Sarmiento, el autor de la famosa obra Facundo y la lucha entre la civilización y barbarie: “Hacía ya muchos años que regía a Bolivia el cholo cuya duplicidad inspiró a Sarmiento esta célebre frase: a los bolivianos hay que saludarlos en plural para que no se resienta el diablo y la mentira…” (Encina, 1963).
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