
Señor diputado Ignacio Urrutia,
Nuevamente insultas a Salvador Allende tratándolo de cobarde y otras cretinadas. Lamentablemente sólo soy un escritor y no diputado, porque de serlo habría estado en el hemiciclo y te habría hecho saber cuantos pares son tres moscas. El mundo entero conoce de la valentía de Allende, y la voz de un miserable con fuero y tribuna pública no cambiará eso al expresar unas cuantas bravuconadas.
En un país estable como Chile, en que mapuches, estudiantes, ambientalistas y trabajadores se movilizan y exigen pacíficamente solución a demandas legítimas, que tienen su origen en la mercantilización de los derechos y servicios públicos, es muy extraño que la convivencia social sea alterada brutalmente por atentados que afectan no sólo a la población trabajadora, sino que al conjunto de la sociedad.
A pesar del anuncio de la Presidenta Michelle Bachelet de dar suma urgencia al proyecto que pone fin a la ley de amnistía para los crímenes de lesa humanidad, perpetrados por los esbirros de la dictadura encabezada por Augusto Pinochet, la Concertación – ahora Nueva Mayoría – sigue siendo deudora respecto a los derechos humanos.
Las elecciones generales del 5 de octubre son, hoy por hoy, las más disputadas desde 1989, cuando se retomó el derecho a votar. Y también las más sorprendentes, las que mandan al espacio la polaridad entre el PT de Lula da Silva y el PSDB de Fernando Henrique Cardoso y, para cerrar la lista, son las elecciones que podrán cambiar de manera radical todo el escenario político brasileño.
Una movilización política sin precedentes. Los organizadores no dan cifras de participación pero consideran que lamanifestación de este 11 de septiembre ha sido “la más masiva de la historia de Europa”. Han valorado la concentración de este jueves en Barcelona como “un éxito rotundo” y como una demostración de voluntad popular “ejemplar para el mundo entero”. Obviamente, estaban eufóricos, pero más allá del grado de satisfacción o triunfalismo que han expresado con estas declaraciones, parece indiscutible que la Diada de este año se recordará como una movilización histórica, de peso político no inferior al famoso 11 de septiembre de 1977, a las manifestaciones contra la guerra o las de la Diada y por el derecho a decidir de los años 2012 y 2013.
Hace 41 años nos despertamos de golpe. De golpe de Estado. Un golpe a las costillas, al bajo vientre, a los testículos. Qué se yo: a los dientes. Un golpe de madrugada que nos dejó tendidos en el suelo, boca arriba nos dejó, sin entender lo que pasaba. Magullados de golpe de Estado despertamos y de golpe de Estado nos levantamos y de golpe en golpe nos asesinaron y de golpe en golpe nos torturaron y de golpe en golpe nos desaparecieron. Y nosotros aún sin comprender cómo era posible que sucediera en este país del fin del mundo donde nunca pasaba nada, o al menos así nos habían hecho creer. Pero vivíamos una ilusión de país porque nada más bastaba mirar el cristal de la historia para ver reflejado en sus retazos de vidrio las matanzas de indígenas o las masacres obreras. Y siempre la clase política y siempre los ricos y siempre los militares. Como hace 41 años cuando nos despertamos de golpe. De golpe de Estado. Y quedamos en tal estado que no lográbamos entender a los otros estados: al Estado con uniforme, al Estado de Sitio, al Estado de Excepción, al Estado de Emergencia. Estábamos como petrificados en el estado del miedo absoluto, en la angustia de lo desconocido, clavados en la arena con estalactitas de hielo ardiente que nos horadaban el alma.
En la vida cotidiana de las gentes y de los pueblos, suceden hechos en los que la frontera que separa lo real de lo fantástico es sutil y difusa. Tan desdibujada que nos hace pensar que la barrera entre estas realidades no existe; que lo real es tan extraordinario y fantástico que puede dar la sensación de irrealidad. Nos parece tan irreal que por momentos lo fantástico lo mágico supera a la realidad “La irrealidad” de un presidente leal a la promesa hecha a su pueblo, combatiendo, luchando, entre el humo, las llamas y la metralla ( el 11 de septiembre de 1973).