Resulta paradójico que los representantes políticos de la derecha en las instituciones identifiquen lo popular con los intereses económicos de grandes empresarios, el capital financiero, y la burguesía, una clase social cuyo proyecto rechaza los principios de igualdad, democracia y justicia social. La nueva derecha mundial, diluye, difumina y oculta su programa, el proyecto neo-oligárquico y pretotalitario, señalando que sus decisiones benefician a la sociedad toda, aunque en ocasiones no sepan trasmitirlo a la “gente”. Al pensar en la mayoría, no ven razón alguna para no calificarse de Populares. EL caso más sangrante lo tenemos en España. La derecha que recorta servicios esenciales, privatiza la sanidad, arremete contra la ley de igualdad, penaliza el aborto, promueve los contratos basura, rebaja los impuestos a grandes empresarios, indulta a políticos corruptos, persigue a los inmigrantes, fomenta la educación religiosa, resta dinero público para becas e investigación, sitúa a un 26% de la población en el paro, a diez millones en la pobreza y otros siete en peligro de exclusión social, lleva el nombre de: Partido Popular.
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